Álvaro Javier San Martín, del Bufete Casadeley: "Merece reconocer el considerable respeto que se ha impulsado desde las administraciones a este tipo de medidas que no son más que un medio para llegar hasta la efectiva igualdad de mujeres y hombres, pero también llama la atención la escasa concienciación que supone más allá de las obligaciones legales."

En el último año los cambios legales han aclarado las reglas de juego, pero ¿se siguen tomando en serio los planes de igualdad?

En el año 2019 pocas empresas conocían lo que era un plan de igualdad. De hecho, muchos profesionales del sector todavía desconocían su auténtica realidad.

Los planes de igualdad son unas necesarias herramientas que no se inventaron hace dos años, sino que tienen casi 15 años de historia. Fueron introducidas en la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres del año 2007 como un salvoconducto para conseguir eliminar la discriminación en materia de empleo y ocupación en las empresas y eran inicialmente aplicables a aquellas con más de 250 trabajadores.

La ambigüedad de sus normas de aplicación obligó a las empresas que cumplían con estos niveles de plantilla (y también a muchas que no los alcanzaban) a improvisar. En la mayoría de los casos esto supuso problemas para los planes de las empresas no solo en el fondo (desconocimiento de los contenidos concretos, materias o alcance), sino -sobre todo- en la forma (personas llamadas a participar en su desarrollo, negociación o elaboración). Sin embargo, y por fortuna, el paso de los años permitió a las sentencias judiciales tutelar está desprotegida parcela.

Tribunales de todos los niveles (y, sobre todo, la Audiencia Nacional) hicieron un gran trabajo aportándonos claridad a los profesionales especialistas en relaciones laborales y recursos humanos e indicándonos el mejor camino a seguir en las materias donde más polémica había existido, como su negociación.

En el año 2019 estas interesantes herramientas fueron ampliadas a empresas de más de 50 trabajadores, pero las reglas en su aplicación continuaban siendo confusas. Hace relativamente poco, a finales del año 2020, se publicó el reglamento que desarrollaba las nuevas normas de los planes de igualdad y aclaraba por fin cómo debíamos implantar estas medidas con garantía de no encontrar problemas en el futuro. Sin embargo, la ausencia de cambios en un punto fundamental, como la sanciones, abocan a estas importantísimas medidas a volver a caer en su talón de Aquiles: la indiferencia.

Sin duda este último reglamento ha recogido adecuadamente los criterios de las sentencias que año tras año han venido aclarando los principales problemas (quiénes deben participar en la comisión negociadora, las materias que tiene que contemplar el plan o los plazos a los que nos tenemos que acoger). Sin embargo, un detallado régimen sancionador incentivaría a las empresas a tomárselo más en serio.

Desde el año 2007 hasta hoy no ha existido ninguna modificación en cuanto a las sanciones. Sigue existiendo una ambigüedad absoluta desde el mínimo de los 626 que se contempla por no tener un plan de igualdad hasta el máximo de los 187.515 y aunque haya existido experiencia en la aplicación de estas y en su impugnación, parece ser que es una válvula que no ha sido ajustada y que podría significar el impulso definitivo a los planes de igualdad.

Como reflexión final, merece reconocer el considerable respeto que se ha impulsado desde las administraciones a este tipo de medidas que no son más que un medio para llegar hasta la efectiva igualdad de mujeres y hombres, pero también llama la atención la escasa concienciación que supone más allá de las obligaciones legales. Una buena campaña de publicidad, mayores recursos inspectores y un detallado y riguroso régimen sancionador ayudaría a conseguir que las empresas materializaran una mayor preocupación por estas medidas como sí se producen en otras materias como son los planes de prevención de riesgos laborales o los programas de compliance. Es una humilde propuesta que se hace en desde la experiencia en la aplicación de estos planes que esperemos que en un futuro no sean necesarios.

 

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