El trabajo remoto puede favorecer la conciliación, pero abre la puerta a jornadas interminables. El informe de la OIT y Eurofound señala además que, para entender la heterogeneidad en la implantación de formas de trabajo remotas, no sólo hay que tener en cuenta “el desarrollo tecnológico sino también la estructura económica existente y la cultura del trabajo”.

Las tecnologías de la información y la comunicación están cambiando la organización y las formas de trabajo. Aunque a un ritmo quizás más lento del esperado y, sobre todo de una manera muy heterogénea, el móvil, la tableta y los ordenadores portátiles facilitan trabajar en cualquier lugar y a cualquier hora. A la fórmula clásica de poder trabajar desde casa, se han sumado otros tipos de trabajo remoto, impulsados por la conectividad constante. Y todos ellos, aunque en ocasiones favorecen un mayor equilibrio entre la vida profesional y la personal, también pueden propiciar que se alargue la jornada laboral, difuminar la frontera del trabajo o provocar un mayor estrés laboral.

Un reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Eurofound, entidad tripartita de la Unión Europea, ha tratado de evaluar el impacto de este fenómeno. Por ello, se detiene a analizar la situación de todos aquellos ocupados que ya no desarrolla toda su labor en las instalaciones de su empresa. Según la citada investigación, este importante colectivo de trabajadores se siente más presionados que los empleados nunca trabajan fuera. Sobre todo, acusan la presión los trabajadores con mayor movilidad y un uso intensivo de la tecnología: cuatro de cada diez afirma padecer estrés “siempre o la mayor parte del tiempo”, quince puntos menos que entre aquellos que tienen un puesto de trabajo convencional en una oficina, una fábrica, un taller, una tienda... También se da una mayor incidencia de problemas con el sueño, síntoma relacionado con el estrés, ya que afecta tanto al 42% de los empleados digitalizados con mayor movilidad como a quienes trabajan regularmente desde casa.

Si se tiene en cuenta a quienes aprovechan la posibilidad de trabajar desde casa y los que de manera más o menos intensiva, con el móvil y el portátil en mano, lo hacen en trenes, aviones, espacios públicos, cafeterías, oficinas de clientes... o en su domicilio, el estudio concluye que suponen ya el 17% de los trabajadores en la Europa de los 28. Por debajo de la media, aparece España, que con un 13% forma parte junto a Alemania (12%) e Italia (7%), del grupo de países europeos donde menos se han desarrollado estas prácticas.

En cambio, los porcentajes más elevados se dan en Dinamarca (37%), Suecia (33%) y Holanda (30%), seguidos de relativamente de cerca por el Reino Unido (26%), Francia (25%), Finlandia y Bélgica (ambos, 24%). Es más común el trabajo remoto (ya sea desde casa o desde varios lugares), entre los directivos y los profesionales, pero también para los trabajadores dedicados al apoyo administrativo o los comerciales, aseguran.

El informe de la OIT y Eurofound señala además que, para entender la heterogeneidad en la implantación de formas de trabajo remotas, no sólo hay que tener en cuenta “el desarrollo tecnológico sino también la estructura económica existente y la cultura del trabajo”.

En España, los últimos análisis hablan del estancamiento e incluso un retroceso precisamente entre los ocupados que trabajan al menos ocasionalmente desde el hogar. Un estudio de Adecco señala que, con la mejora de la economía, ha caído el número de teletrabajadores al tiempo que aumentada el volumen de ocupados. Así, a finales del 2013 se alcanzó un nivel máximo del 7,5% de los trabajadores (casi 1,3 millones de personas) y fue cayendo de forma que dos años más tarde ya estaba en el 6,6%.

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