UGT, CCOO y la CEOE coinciden en que España necesita un acuerdo entre el Gobierno, empresas y sindicatos para proteger al empleo de las consecuencias de la cuarta revolución industrial. Amenaza u oportunidad, la clásica disyuntiva sale a relucir en el nuevo debate.

 

La digitalización de los negocios es sólo el primer paso de una nueva revolución industrial que transformará por completo el paradigma de la economía. La irrupción de dos tecnologías, que aún están despertando su potencial, impactará directamente en el modelo tradicional de empleo. Son la robótica avanzada y la Inteligencia Artificial. Juntas permitirán llevar la automatización a un nuevo nivel, uno en el que la intervención humana será mínima tanto en la industria como en los servicios. Hay quien habla de 'maquinización', donde el robot sustituye por completo a la persona. ¿Cómo afectará este nuevo modelo a España? Aquí es donde las opiniones entre sindicatos y patronales se dividen. ¿Está el país preparado? Esta respuesta es compartida: no.

Amenaza u oportunidad, la clásica disyuntiva sale a relucir en el nuevo debate. UGT se posiciona en la versión más pesimista. «A diferencia de las revoluciones industriales anteriores, la Inteligencia Artificial permitirá que los robots sean lo suficientemente inteligentes como para destruir empleo», defiende el asesor de UGT en nuevas tecnologías José Varela. «El ideal de Keynes de Estado de Bienestar donde las personas trabajan 15 horas a la semana está lejos de conseguirse», añade. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) argumenta una posición completamente distinta.

«Equiparar la automatización a una destrucción de puestos de trabajo es un error», señala el presidente de la comisión de I+D+i de la CEOE, Juan López Belmonte. Los recursos se tratarán de forma más eficiente, aumentará la productividad y será posible fabricar productos más personalizados. Todo ello generará nuevos empleos aún desconocidos. El problema, sin embargo, es que España no está preparada para el cambio.

«En este país partimos de una base muy floja», afirma el secretario de Estrategias Industriales de CCOO, Máximo Blanco. Todos están de acuerdo en que la principal debilidad es la formación. UGT entiende este cambio como una amenaza para el empleo en España, que cuenta con una tasa de paro del 20% y una brecha digital «tremenda». «Somos uno de los países más atrasados en cuanto a personas desempleadas que usan internet y nuevas tecnologías y estamos a la altura de Congo en la formación TIC en empresas», indica Varela. La Comisión Europea alerta de que en 2020 habrá 800.000 empleos sin cubrir por falta de cualidades digitales. «Se produce una paradoja», apunta el experto de UGT. Por eso, sindicatos y patronal coinciden en que uno de los grandes esfuerzos para no perder ese tren debe centrarse en la formación.

«Necesitamos políticas que aseguren que desde la educación las personas cumplan con ese perfil», dice López Belmonte. «El 75% de los oficios del futuro aún está por desarrollar», subraya el experto de CCOO. «No sabemos las necesidades concretas educativas y formativas», añade. El problema es que las carreras universitarias se diseñan en función a los servicios que están en vigor y «anticiparse es complicado». Lo que sí es evidente es que, según explica Varela, los nuevos puestos de trabajo girarán alrededor de dos ejes. Uno, la optimización y el mantenimiento de la máquina. Dos, aquello que un robot «no puede sustituir», la creatividad. «Sin embargo, nuestro sistema educativo no está orientado a potenciar la creatividad y el talento, de forma que sólo se producirá más y más paro que no sabremos asimilar», comenta el asesor de UGT. Desde su punto de vista personal, hay que dar una vuelta completa a la educación final y amoldar los estudios universitarios a las nuevas demandas. «Habrá que deshacer carreras para crear nuevas». Y, añade, la única forma de hacerlo es mediante la colaboración empresa-universidad.

Pero tampoco hay que olvidar la formación a empleados y desempleados. «Es necesario impulsarla para que el ecosistema digital llegue a todas las áreas de la economía y la sociedad», manifiesta López Belmonte. Sindicatos y patronal comparten la visión de que el principal esfuerzo debe venir desde la Administración pública, pasando después por la empresa. «El sector privado es quien lo tiene que implementar con la ayuda pública», sostiene Blanco.

Mientras que el asesor de UGT apuesta por un modelo inspirado en un plan de Obama: la creación de un fondo estatal para el desempleo tecnológico. En los casos donde es indudable que una máquina sustituye a una persona, el Estado le proporciona una ayuda económica para que pueda formarse para un nuevo empleo tecnológico y cuando encuentra trabajo, si es de menor salario que el anterior (porque no tiene experiencia previa), se le entrega un complemento salarial. «El Estado el quien debe velar y anticipar esta situación, dando facilidades a la masa laboral para que pueda adaptarse al cambio», razona Varela.

Estrategia sostenible

Pero para definir y crear una hoja de ruta que realmente prepare a España para esta nueva revolución industrial, todos coinciden en que es vital un pacto de Estado. «Otros países como Corea, China o Israel están generando muchos puestos de trabajo desde la industria, no podemos dejar pasar esta oportunidad», advierte el presidente de la comisión de I+D+i de la CEOE. «Esta transformación no se puede frenar y todavía no nos hemos posicionado como país», agrega el experto de UGT. «Debemos reforzar el Estado de Bienestar a través de las bondades de las nuevas tecnologías, anticipando las amenazas, y el primero que tiene que entrar es el discurso político», concluye Varela. La solución pasa, a su juicio, por la negociación colectiva.

El discurso de CCOO está en sintonía: «El esfuerzo es trasversal, no sólo de la Administración pública, también de las empresas, es más que un pacto, es trabajar juntos». Aunque primero, advierte López Belmonte, es prioritario un acuerdo entre partidos políticos, «más allá de un mandato». «La Administración pública necesita una estrategia continua y sostenible».


Marco legislativo

La cuarta revolución industrial conllevará un cambio legislativo laboral. «Ya no existirá la gran empresa, crecerá el teletrabajo y los 'freelance' se multiplicarán», señala , Máximo Blanco, de CCOO. Esto implicará el «fin de los colectivos». «Las relaciones laborales tradicionales se van a disgregar», añade. «Tenemos que trabajar para que no se pierdan las garantías». Y es que las nuevas leyes tendrán que establecer la condiciones de nuevos empleos donde «el esfuerzo será más mental que físico».

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