El mercado laboral remonta, aunque continúa sin atacar de raíz sus puntos débiles como la dualidad o el riesgo de destrucción masiva de puestos de trabajo en un entorno adverso, por no hablar de la ausencia de auténticas políticas activas de empleo. Los expertos discrepan sobre las soluciones: flexibilizar la negociación colectiva, subir el salario mínimo, condicionar las prestaciones... Pero todos alertan del lastre del paro de larga duración.

A pesar del par de años de mejoría, el mercado laboral en España arrastra heridas graves producidas durante la larga y profunda crisis económica: la tasa de paro aún está en el 21% (a una distancia galáctica del 7% del 2007), hay casi 4,8 millones de desempleados (ocho años atrás rondaba los dos millones), de los que dos millones llevan al menos 24 meses buscando trabajo y con una cobertura que sólo ampara a alrededor del 20% de estos parados de larga duración. Junto a una depreciación salarial acumulada que ha afectado sobre todo a los contratados con bajos salarios –rebajas de hasta el 20%– y los jóvenes que se han ido incorporando al mercado de trabajo y aquellos que han tenido que buscar una nueva colocación, así como una tasa de temporalidad nuevamente al alza y un fuerte peso del trabajo por horas no deseado.

A ello hay que sumar un cambio en la composición de la actividad económica, donde a raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria el ladrillo ha quedado jibarizado, una cuota que ha sido asumida por un sector de servicios cada vez más preponderante, gracias en buena parte a la pujanza del turismo.

Tal y como recuerdan los expertos consultados, la crisis volvió a evidenciar los problemas estructurales del mercado laboral... y, empezar a dejar atrás la recesión, no se han producido demasiados avances. Mientras todavía quedaría por recuperar alrededor del 70% perdido durante la crisis, con respecto al punto álgido de ocupación –2,7 millones de puestos de trabajo de los 3,8 destruidos–. “Creo que algo se ha notado con la reforma del 2012, se ha ganado en cierta flexibilidad para que las empresas puedan modificar las condiciones laborales de sus trabajadores. Pero no hay un antes y un después. Volvemos a la misma senda bipolar, con una sistema rígido que pasa de la euforia a la depresión”, advierte Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla.

Justamente el viernes, el gabinete de estudios del BBVA, con Rafael Doménech a la cabeza, presentó un paquete de propuestas con las que tratar de acabar con un marco laboral “disfuncional” que destruye de forma masiva puestos de trabajo cuando la economía se contrae y, en los periodos expansivos, se acentúa la desigualdad entre trabajadores temporales y fijos. El servicios de estudios del BBVA aboga por cambios de calado que van desde la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social –compensadas por el incremento de los impuestos indirectos–, la penalización en las cuotas sociales para las empresas que abusan de los contratos temporales, la vinculación de las ayudas a los desempleados con la búsqueda efectiva de trabajo, la reducción de la duración de estas ayudas en épocas expansivas o incentivar los convenios colectivos de empresa por encima de los provinciales de sector.

El equipo del BBVA Research, al igual que el economista Manuel Hidalgo, apuesta también por combatir la dualidad entre indefinidos y temporales dejando reducida a la mínima expresión los tipos de contratos. El BBVA plantea uno fijo, otro temporal (causal y de hasta dos años) y otro de formación. Y propone complementarlo con un sistema de indemnizaciones mixto (con una cuenta del trabajador nutrida por la empresa así como una compensación por despido).

El economista Miquel Puig, por su parte, se muestra partidario de dar prioridad a la mejora de la remuneración, mediante la subida significativa del salario mínimo, con el fin de lograr una oferta laboral atractiva para los jóvenes nativos. “No es lo mismo crear muchos puestos de trabajo que combatir el paro, como defienden muchos; el problema es que los que se crean son malos,”, defiende. Unos empleos con unas condiciones laborales y salariales duras, que básicamente sólo están dispuestos a ocupar los inmigrantes y que, argumenta, no sirven para rebajar la tasa de paro.

Puig remarca también que el cambio fundamental en el mercado de trabajo con respecto a antes de la crisis radica en la desaparición de prácticamente dos tercios de los empleos que generaba la construcción. Mientras, la creación de puestos de trabajo depende de sectores como el turístico, con “un modelo intensivo y barato”, que lleva a generar “muchos puestos de trabajo poco cualificados y mal remunerados”.

En cambio, Marcel Jansen, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) e investigador de Fedea, considera que en España se le da demasiada relevancia a la devaluación salarial y, como Doménech, reclama que los esfuerzos se concentren en ampliar la oferta laboral para evitar que los riesgos de una cronificación del desempleo entre un grupo numeroso de trabajadores.

En este sentido, BBVA Research recomienda sin reservas incentivar aún más la flexibilización salarial, ajustándola en mayor grado a la productividad de cada empresa. Así apuntan que una rebaja del salario real del 7% podría incrementar la ocupación un 20%”.

Marcel Jansen pone voz a la queja generalizada de los especialistas por la infravaloración del impacto de la bolsa de parados de larga duración y la inaplazable necesidad de invertir decididamente en políticas activas de empleo –a las que España sólo destina un 29% de su gasto en políticas del mercado laboral–. El profesor de la UAM apunta que “la recuperación beneficia a los bien posicionados”, los que ya tienen trabajo fijo, los de una formación más elevada y actualizada.

¿Cómo colocar a miles de trabajadores de baja cualificación que se bajaron del andamio hace años y no han vuelto a colocarse? “A corto plazo es muy difícil”, advierte Puig. “Para recolocar a los trabajadores como los de la construcción, la solución no es hacerlos baratos y flexibles, sino formarlos. Y eso es un trabajo titánico, que no se improvisa de un día para otro”.

“Se han dado pasos muy modestos y los pocos planes puestos en marcha para ayudar a los desempleados a encontrar trabajo tienen unas condiciones tan estrictas que sólo quedan para casos desesperados”, se queja Jansen. Los expertos consultados insisten en revisar de arriba abajo la organización del sistema público de empleo, innovar en la intermediación laboral, implantar asesoramiento personalizado, evaluar los programas... Políticas que se aplican en los países avanzados, y con unas tasas de paro que no tienen que ver ni de lejos con las españolas.


El mercado laboral, ocho años después

Ya a principios del 2008 el deterioro del mercado de trabajo empezó a notarse con nitidez. En ese momento, la EPA arrojaba dos millones de desempleados, mientras que la tasa de paro superaba el 9%. Hoy, 4,7 millones de personas ansían encontrar un puesto de trabajo, el 21% de los activos –a mediados del 2013 se registró la cifra récord del 26%–. Otros parámetros,como los recogidos a continuación, también dan una idea de cómo ha acusado la crisis el mercado laboral. Y de quémanera se está recuperando de ella.

PARO DE LARGA DURACIÓN
Una gran bolsa de trabajadores de difícil inserción

La extensión del paro de larga duración es una de los aspectos más preocupantes en el balance del mercado de trabajo en España. Sus registros sólo son equiparables en Europa a los de la maltrecha Grecia. Hace ocho años, medio millón de personas llevaba al menos un año sin trabajar. En la actualidad, son parados de larga duración 2,7 millones de trabajadores, de los que casi el 75% llevan más de dos años sin empleo.

En buena parte, son víctimas de estallido de la burbuja inmobiliaria y, en general,se trata de un colectivo lastrado por una baja formación y una cualificación –si la tienen– cada vez más desfasada. Además, entre los parados de larga duración, se da una alta presencia de trabajadores de más de 50 años (más de un millón superan esta edad). Con estas características, los expertos ven muy complicado esperar que estos desempleados puedan reciclarse y volver a trabajar por sus propios medios.

TEMPORALIDAD
La paradoja del empleo no fijo

Los expertos no se cansan de advertir que, en momentos de crisis, el sistema responde con la equívoca señal de reducir la tasa de temporalidad. Así, hace ocho años tres de cada diez ocupados aseguraban en la EPA contar con un contrato temporal. Luego comenzó a caer dicha proporción al tratarse de las primeras víctimas de las dificultades económicas.

Siguiendo este esquema no es de extrañar que el pesode los contratos temporales frente a los fijos haya ido recuperando fuerza en los últimos años (ya ha vuelto a alcanzar la barrera del25%). En todo caso, para tener una medida más precisa de la evolución de la contratación,también hay que tener en cuenta que se ha producido un incremento de los trabajadores involuntarios a tiempo parcial (750.000 personas, en el 2007, frente a los 1,75 millones del 2015) y el descenso de la duración de los contratos temporales (los de menos de siete días han pasado de representar 13,7% antes de la crisis a rondar el 22,5%).

TRABAJADORES EXTRANJEROS
Muy sensibles a las malas expectativas

Los trabajadores que abandonan su país en busca de un futuro mejor se convierten,sin quererlo, en un afinado indicador del estado del mercado laboral. Después de años de fuerte entrada de adultos en edad de trabajar, la crisis mermó sus efectivos. Según la EPA, a principios del 2008 en España el número de ocupados extranjeros se acercaba a los tres millones de personas. Ahora, apenas ni siquiera llegan a los dos millones.

Una trayectoria contraria han tenido los desempleados de fuera: 473.000 estaban registrados el mes pasado en los servicios públicos de empleo, el doble de los inscritos años atrás. Este cambio brutal de expectativas laborales ha impulsado el regreso a sus países o la emigración a un segundo destino. De todas formas, cabe recordar que las estadísticas sobre la población extranjera arrastran un sesgo a la baja ya que no reflejan los procesos de asunción de la nacionalidad española de parte de sus integrantes.

SECTORES DE ACTIVIDAD
Los servicios acaparan ya tres de cada cuatro empleos

La crisis del ladrillo se llevó por delante una cantidad ingente de puestos de trabajo. Si en el 2008 el 13% de los ocupados estaban empleados en la construcción –en un sector tan masculinizado,significaba el 20%–, en la actualidad no llega ni al 6%. Ante la estabilidad de la agricultura y una cierta pérdida de peso de la industria, el protagonismo del sector servicios es indiscutible: en ocho años ha ganado diez puntos porcentuales y ya concentra al más del 76% de los ocupados.

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