Francesc Raventós, exdecano del Col·legi d'Economistes de Catalunya: "El nuevo modelo no puede basar la mejora de la competitividad en la degradación de las condiciones laborales. Son muchas las nuevas oportunidades que ofrece el ámbito de los intangibles, la sociedad del conocimiento, la cultura, los servicios personales o las energías verdes, todas con un gran potencial de creación de riqueza y ocupación."

 

Encontrar trabajo resulta difícil. Han pasado ocho años desde el inicio de la crisis económica y aunque la economía española está creciendo al ritmo del 3% del PIB, el paro sigue por encima del 20% de la población activa. Demuestra que España no tiene un modelo productivo capaz de crear empleo suficiente para sus ciudadanos. ¿Qué está pasando? Pues, que el obsoleto modelo español no se ha adaptado a los cambios que están transformando la sociedad. Visiones a corto plazo, inercias del pasado, vicios estructurales e intereses sectoriales lo impiden.

¿Podemos confiar en que a medio plazo se resolverá el problema de la falta de empleo? Todo al contrario, el tiempo no juega a favor. La Organización Mundial del Trabajo estima que en una década cuatro de cada diez profesiones cambiarán o simplemente desaparecerán. La digitalización, la robotización y la inteligencia artificial contribuyen a la creación de riqueza, bienestar y generan nuevas demandas, pero al mismo tiempo, están cambiando profundamente el sistema productivo y destruyendo ocupación. Ya no es sólo es la industria la que automatiza los procesos, la digitalización reduce y reducirá ocupación en sectores como el financiero, logístico, la administración pública o los servicios en general. Muchos de los cambios no son percibidos por los ciudadanos, pero sí que se ven cada día en el supermercado, en las gasolineras, en los cajeros automáticos y pronto se verán en las carreteras automóviles sin conductor y drones haciendo de mensajeros.

Las nuevas tecnologías hacen maravillas y aumentan la productividad. Según Jerry Kaplan, profesor de inteligencia artificial en la Universidad de Stanford, nos estamos introduciendo a un cambio tan revolucionario como el que supuso la revolución industrial. Supondrá un terremoto para el mercado de trabajo. Prácticamente todas las profesiones se verán afectadas, pero sólo algunas desaparecerán. En las industrias los robots sustituirán los trabajos rutinarios y en el amplio mundo del sector servicios la digitalización se impondrá en las tareas administrativas. Pero no todo es automatizable, en especial los trabajos más intelectuales como la creatividad y la dirección o ciertos trabajos manuales del sector servicios. Siempre necesitaremos profesores, directivos, investigadores, abogados, bomberos, personal de limpieza o artistas. Los trabajos que requieran conocimiento y experiencia estarán bien retribuidos, en cambio los trabajos poco cualificados, para los cuales habrá mucha más demanda que oferta, las remuneraciones tenderán a reducirse.

La capacidad de negociación del trabajo se ha ido debilitando, lo que está llevando a una polarización de las remuneraciones. Un estudio de Eurofound afirma que el 14% de los empleos en Europa están bien pagados, el 37% son remuneraciones aceptables, el 29% están mal pagados y el 20% son tan bajos que no permiten vivir dignamente. Lo que tiene que preocupar es que la distancia entre los sueldos más altos y los más bajos se está agrandando.

Situándonos en España, la cuestión de fondo no es sólo cómo dar trabajo a los millones de parados existentes, sino que la creciente competencia nacional e internacional obliga a reducir costes y a sustituir trabajo por nuevas tecnologías. La situación entre los que tienen trabajo y los que no, y dentro de los que trabajan, entre el personal cualificado y el que no, llevará a un considerable aumento de la desigualdad y a una situación social difícil de gestionar. Obligará a repensar el sistema económico y cómo se distribuye el beneficio del crecimiento económico.

Se tiene que replantear a fondo el sistema productivo español, que a partir de la nueva realidad, tenga como objetivo el progreso económico y social, en un marco competitivo, sostenible y creador de empleo, respondiendo a las necesidades y demandas de la sociedad. El nuevo modelo no puede basar la mejora de la competitividad en la degradación de las condiciones laborales. Son muchas las nuevas oportunidades que ofrece el ámbito de los intangibles, la sociedad del conocimiento, la cultura, los servicios personales o las energías verdes, todas con un gran potencial de creación de riqueza y ocupación. La política de estímulos económicos diseñada por el Banco Central Europeo, el plan de inversiones de Jean-Claude Junker, presidente de la Comisión Europea, y el acuerdo de París para estimular la lucha contra el cambio climático, son factores que pueden contribuir a impulsar el nuevo modelo productivo.

En España y en Catalunya son muchos los dossieres que reclamarán la atención de los nuevos gobiernos español y catalán. La puesta al día del modelo productivo y la creación de empleo son retos estructurales vitales para el país. El peligro es que las urgencias más inmediatas, que serán muchas, posterguen cuestiones claves que ponen en riesgo el futuro. Son dos retos primordiales

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