Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Cindy Johanson, creadora y directora de Edutopia, fundación educativa de George Lucas: "La mayor parte de los contenidos que aprendimos en el colegio varían durante el resto de nuestras vidas, pero ser consciente de que eres capaz de encontrar los recursos para valerte por ti mismo te será siempre igual de útil."

Tengo 49 años y aprendo de mi hija de 17, que ya preside su propia empresa. Vivimos en California, pero mi otro hijo es del Barça. Soy de fe universalista: conciliamos todas las religiones. Lo único que prohíbo en casa es usar el móvil en la mesa. Colaboro con la Obra Social de La Caixa.

Mi misión es buscar las mejores escuelas del mundo, averiguar por qué lo son y enseñar a otras a imitarlas.

¿Cómo empieza un día de cole en una escuela de las mejores?


El profesor espera en la puerta del aula a cada alumno y los saluda uno por uno.

¿Y eso mejora su rendimiento escolar?

Los humanos no nos esforzamos por mejorar, sino para que los demás vean que mejoramos y, cuando eres un niño o un chaval, la primera referencia y testigo directo de tu esfuerzo y progreso personal es tu profesor.

¿Y por eso debe darte la mano?


Ese ejercicio simbólico refuerza lo que los clásicos definían como paideia, la relación especial que se establece entre profesor y alumno para mejorar a ambos. En las mejores escuelas, la paideia es más estrecha e intensa que en las menos buenas.

¿Y en el cole se saludan igual que padres e hijos cada día al llegar a casa? (O deberían).

Una vez en el aula, el buen profesor enseña a los alumnos a aprender. Ese proceso se resume en dar a los estudiantes todo el apoyo tecnológico para que decidan qué quieren saber; descubran cómo aprenderlo y después -es lo esencial- integren esos nuevos saberes en sus vidas y así las mejoren con ellos.

Eso ya suena muy difícil.

Es integrar el aprender a ser con el aprender a hacer. Sin lo segundo, no hay lo primero.

¿Pero los niños tienen que seguir memorizando la tabla de multiplicar?

Por supuesto. Hay ejercicios de memorización elemental sobre los que se construyen todas las capacidades posteriores, pero también deben ir aprendiendo cómo calcular por sí mismos cuánto pagan de hipoteca sus padres, por ejemplo, y por qué.

¿Eso se les ocurre a los niños solitos?

Eso ya le interesa a un chaval de 14 años, sobre todo si un profesor competente antes le ha hecho las preguntas precisas para motivarlo y sentirse responsable de su familia, y le ayuda a buscar en su ordenador las respuestas, y le anima después a darles una salida útil.

Veo que le importa más cómo aprenden los chavales que lo que aprenden.

La mayor parte de los contenidos que aprendimos en el colegio varían durante el resto de nuestras vidas, pero ser consciente de que eres capaz de encontrar los recursos para valerte por ti mismo te será siempre igual de útil.

Aprender a hacer es una actitud: ¿y aprender a ser?

Nuestros valores son: determinación para aprender; disciplina para perseverar en el esfuerzo; concentración y, en fin, visión para fijarte objetivos: ambiciosos a largo plazo; realistas a medio, y sencillos a corto.

¿Y con eso basta?

Además, la escuela debe equipar al escolar con la capacidad de compromiso para responder fielmente al grupo cuando le necesitan: debe enseñarle a ser y, además, sentirse fiable para todos sus compañeros.

¿Y sin todos esos valores no puedes salir adelante tu solito?


He conocido brillantes graduados con excelentes notas en Harvard que acaban a los 40 años en un Starbucks o cualquier otro empleo precario, porque no han desarrollado las habilidades que eran realmente necesarias.

Pero eran buenos estudiantes, ¿no cree?


Muchos pueden sacar buenas notas, pero no hay sitio en las universidades para darles empleos de profesores a todos. Mi hija tiene 17 años y lo importante es que ya está montando su propia empresa, porque ha tenido una buena escuela para ella y para su país.

Y parece que una buena madre.


Creo que le hemos enseñado que, si te lo propones, puedes liderar y generar empleo y oportunidades para los demás y para ti y no sólo esperar a que alguien te emplee o intentar quedarte con el trabajo más cómodo.

Pues felicite a la niña.

¡Mire qué fotos! Estoy encantada con el reportaje que ha hecho estos días en Barcelona y cómo las ha ido colgando en Instagram. Ha aprendido mucho sobre Gaudí y Europa.

¿Qué tipo de empresa quiere crear?

Está rodeada todo el día de pirados de la alta tecnología musical, así que ha pensado que hay mucho de ese material, por ejemplo, altavoces: tienen un alto valor si se reciclan bien. Y quiere reciclarlos y ganar mucho dinero.

¡Estupendo!

Esa iniciativa nace de una buena escuela, donde han discutido sobre el reciclaje con una profesora que le ha abierto mundos para que aprendiera sobre la necesidad de reciclar e integrara esa experiencia en su propia vida.

Pues a ver si logra cuadrar los números.

Si no cuadra esos números, acabará cuadrando otros, porque está formada en los valores primarios de nuestra escuela: creatividad, cooperación y pensamiento crítico. Por ejemplo, convertir un problema, la contaminación, en una solución, una empresa que recicla y le da trabajo a ella y a otros amigos.

¿Por qué suena tan bien?


Porque hay una enorme necesidad de escuelas que enseñen a los chavales a descubrir su enorme potencial, a desarrollarlo y transformarlo en esperanza y crecimiento para todos. Por eso me siento útil abriendo mundos a escuelas y profesores.


Eduemprender

Edutopia en realidad no tiene mucho de utopía, porque se trata de pragmatismo y sentido común. Enseña a aprender con todos los recursos tecnológicos , pero centrados en la paideia clásica, el vínculo con el profesor, que es el eje de toda educación. La pedagoga alternativa Johanson se enorgullece al explicarme que su hija quiere fundar una empresa de reciclaje y ganar con ella –¡claro que sí!– mucho dinero para crear empleos. Ese orgullo nos iría bien en este país , donde se suele preferir sueldo fijo y público para esperar a que emprendan otros. Las mejores escuelas del mundo enseñan a los niños a confiar en sí mismos y a emprender y generar prosperidad, único modo de poder repartirla después.

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